Secundaria 2030: El vaciamiento de la educación pública


La Secundaria 2030 desconoce la realidad de la escuelas, los contextos problemáticos y las necesidades de la comunidad educativa.

A continuación analizamos algunos aspectos claves de la propuesta del gobierno:

Asistencia. La propuesa de la DGE sólo apunta a que los estudiantes estén en la escuela a como dé lugar. Se disuelve el sentido de la presencialidad, que es el aprendizaje colectivo y colaborativo.

Permanencia y egreso. Ignora necesidades como el boleto educativo gratuito y el acceso a becas para que la permanencia se garantice. Se exige una cantidad de tareas de seguimiento a los Servicios de Orientación Educativos para los cuales no hay personal suficiente, cantidad de horas necesarias ni recursos.

Diseño curricular. La elaboración de “proyectos transdisciplinares” ataca la especificidad que requiere el conocimiento científico de las disciplinas. Además, requieren trabajo en equipo que siempre se resuelve con trabajo extraescolar para los docentes. Fragmenta las trayectorias escolares, así disuelve el sistema de enseñanza común y graduado.

Define materias promocionales y no promocionales, distinguiendo entre espacios “de primera y de segunda”. Se le da así prioridad a cierta formación por sobre otra, en base a criterios arbitrarios y que no contemplan la formación integral de los sujetos.

Promoción. Con la excusa de un sistema flexible, el gobierno propone un sistema donde prácticamente desaparece la exigencia académica. Recursado a contraturno, trayectorias alternativas difusas para las cuales no se asigna personal ni recursos, traerá más precarización laboral y educativa.

Competencia entre escuelas. Cada una elabora un proyecto educativo propio bajo la idea empresarial del liderazgo educativo. La consecuencia es una fragmentación mayor del sistema: escuelas de primera y de segunda.

La realidad es invisible para la DGE. No se habla de infraestructura, recursos pedagógicos y personal con condiciones de trabajo acordes que permitan prevenir abordar los problemas que viven las escuelas: violencias, consumo problemático, vínculos familiares frágiles. No se tiene en cuenta necesidades urgentes, como la implementación de la Educación Sexual Integral. Tampoco de las condiciones sociales de vulnerabilidad y pobreza, que requieren políticas sociales sin las cuales no hay calidad educativa posible.

 

La mejora en la calidad educativa y el objetivo de una escuela científica y liberadora sólo es posible si es escucha a las y los protagonistas: trabajadores/as de educación, estudiantes y familias.

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