3J: Seguimos gritando #NiUnaMenos


A cinco años de la primera gran marcha del 3 de junio de 2015 que se llevó a cabo en ochenta ciudades de Argentina, hoy sigue siendo la mayor protesta en repudio a la violencia contra las mujeres y su consecuencia más grave: los femicidios.

En el marco de la pandemia de la covid-19 se sigue profundizando la violencia de género. Para muchas, las medidas de aislamiento se convierten en una pesadilla al verse forzadas a estar confinadas junto a sus agresores. Los datos son elocuentes: cerca de 60 femicidios en menos de dos meses, es decir un asesinato cada 23 horas. Pero no solo vemos crecer los números de femicidios, sino que también son las mujeres las más golpeadas por la crisis, las que cargan con los trabajos de cuidado y la primera línea, en la salud, educación o ayuda social y sostienen la mayoría de los hogares pobres.

Los nuevos números de los femicidios y travesticidios en Argentina siguen siendo impactantes. El 90% de las víctimas tenía un vínculo previo con el agresor.

No estamos solas, estamos organizadas

Desde el primer día del aislamiento social preventivo, desde el SUTE nos propusimos estar presentes para seguir acompañando a las compañeras ante situaciones de violencia. Nuestras Consejerías de Género siguen funcionando en forma virtual y telefónica.

Durante lo que llevamos de aislamiento hemos acompañado a 1 mujer por día, siendo 50 las compañeras trabajadoras de la educación en toda la provincia, lo que implicó el proceso de reconocer la situación de violencia e incluso activar la desvinculación con su agresor. Del total, casi el 90 % ha vivido violencia psicológica, y más del 60% violencia física, casi el 60% violencia económica, sobre todo en el caso de celadoras y el 100% sufre violencia simbólica.

Ni el gobierno nacional ni el provincial dan respuesta a esta problemática creciente. Es por esto que seguimos exigiendo un plan de emergencia por parte del Estado para garantizar medidas básicas en el marco de la pandemia, asignando recursos de emergencia para refugios o asistencia económica. También, seguimos alertas y visibilizando la situación.

Hoy más que nunca volvemos a decir que nos queremos vivas, con trabajo, con salud, con educación, con activa participación política, con autonomía económica, y libertad de decisión sobre nuestros cuerpos.

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